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Barcelona, Barcelona

Hace malo. Estoy constipado y aburrido, así que no pueden darse mejores circunstancias para que finiquite esta trilogía sobre el viaje que he hecho a Barcelona con Fekoor.

Debido a la curva aguafiestas que ya he mencionado, sólo pudimos catar lo que realmente es Barcelona en dos ocasiones.

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Ganar la vida

Hasta ayer por la tarde, no podía ni imaginarme que llevaba viviendo, desde hace unas cuantas horas, más sensaciones que Álvaro Bultó. Algo impensable. Y todo porque, desgraciadamente, en una de sus intrépidas y envidiables aventuras, cuentan que ha perdido la vida, practicando Wingfly en los Alpes Suizos.

Desde jovencito, venía siguiendo todas sus «movidas» en su programa de TV Ushuaia, donde se le veía bucear, esquiar, pilotar, volar, saltar en paracaídas, etc. Vamos, que me encantaba ver como le sacaba chispas a la vida mientras que, al mismo tiempo, se la ganaba. Para mi, casi un ídolo. Tanto que cuando hablo de mis humildes andanzas, bromeo con que me llamen el «Parabultó».

Alguna vez he buscado su correo, por internet, u otra forma de contactar con él para proponerle mezclar el deporte aventurero con la discapacidad, pero no fui capaz.
Ahora ya no será posible. El vivía muy deprisa y concentró una vida intensísima en 51 años muy bien aprovechados. Vivencias que otros muchos, no, la inmensa mayoría no experimentaríamos ni aunque durásemos 300.

Pienso que la vida está para explotarla, con sentido común pero sacándole jugo. Hay gente que la conserva con miedo, metiéndola en un cajón, con la única ilusión de alargarla al máximo. A otras personas se les obliga a tener contentarse con levantarse de la cama e ir al aseo sin salir de la institución donde no han tenido más remedio que ingresar

Yo, si tuviese la oportunidad de arriesgarla para hacerla más interesante, no lo dudaría. Al fin y al cabo, nunca se sabe donde nos espera la guadaña.
Hoy mismo, me han dicho en el taller que he corrido un serio riesgo de explosión por una fuga en el depósito de gasolina. Así que por mucho que se lleve una vida formal y monjil no hay garantía de nada.

Como decía el aquí homenajeado, con palabras de Gregorio Marañón: ‘Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar
y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar es empezar a morir'».

Me adhiero fielmente a esta filosofía. Álvaro ha ganado una gran vida, a pesar de que se le haya interrumpido eternamente.

Cinema Boccia

Antes lo he visto en el móvil y me ha encantado, pero al verlo en pantalla grande, hay que decir que se trata de una obra única, que será inmensamente valorada por todos los que estamos locos por este deporte.

Hace varias semanas, prometí este video, y aquí está, con la misma calidad que una gran producción. Como todo lo que hace José María Bobi .

Gracias chaval! Se me ha alegrado esta fantástica noche de verano, que se me ha escapado.

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De la galeria a EBay

Verano, tiempo ocioso. Sin embargo, esta semana vivimos un paréntesis que nos retrotrae a épocas invernales, a no ser que la etapa estival haya terminado definitivamente.

Esperemos que solo se trate de un «invierno de San Martín» y que pronto pueda volver a disfrutar de los baños, en la playa de Plentzia, haciendo uso del servicio de acceso al agua de Bidaideak.

La última semana también he estado entretenido con la exposición de la que informé en el anterior post.
Ha sido la primera, por lo tanto, la novedad generaba mucha ilusión. Las visitas, el interés las amistades por verla, los ánimos, etc.

Aún así, he echado en falta los «me gusta», los comentarios, alguna forma de conocer las sensaciones que generan las pinturas. No sé, me he quedado un poco frio.
Quizá deberían inventar un gustometro para estas muestras de realidad verdadera en 3D.

Por esta «desazón», me he decidido a publicar un cuadro, de los expuestos, en EBay para medir su grado de aceptación e intentar sacarle algo de rendimiento al trabajo de la pasada temporada en Sancho Azpeitia.
Sobre todo, más que nada agradezco que esto se comparta para que se difunda al máximo.

http://cgi.ebay.es/ws/eBayISAPI.dll?ViewItem&item=251316609102

Hasta pronto, si el tiempo no cambia, y hasta mas tarde, si vuelven los calores.

Las dos caras del metro

Hace pocas semanas, manifesté mi intención de escribir algo sobre mis viajes autónomos en Metro. Estaba pletórico por haber encontrado una manera de multiplicar mi margen de acción, al igual que los Ferrys permiten a los coches surcar los mares para llegar a islas paradisiacas.

Únicamente, estaba esperando a realizar un trayecto completamente solo desde la salida hasta la llegada, para redactar una buena crónica. Porque, de momento, lo que había hecho era bajar del tren antes que mis amigos.

Al llegar a mi estación, salía y tiraba yo solo hasta casa, cantando por el camino de pura satisfacción.
Aún así, la experiencia me retumbaba. Me recordaba que en el cutre-mundo de la dependencia cualquier brillo que creas percibir puede apagarse o, simplemente, tratarse de algún falso reflejo. Que siempre estás vendido por no saber con quien te va a tocar tratar.

A continuación, plasmo la queja que he enviado a Metro Bilbao:

Me llamo Diego Lastra Gutiérrez, soy un ciudadano de 38 años, licenciado en Derecho, residente en Getxo, y usuario de una silla de ruedas electrónica. Mediante la cual, me muevo autónomamente sin ningún problema.

Recientemente, he comenzado a utilizar el Metro con el propósito de aumentar mi margen de movimiento, y la verdad es que, en las dos primeras ocasiones, todo han sido facilidades con un trato de lo más amable, tanto por parte del personal del Metro como del de seguridad.

El principal problema que encuentro, debido a mi disfunción motora, es para accionar el ascensor y chequear cuando llego a mi estación. Para la entrada al metro, suelo ir acompañado de amigos que me ayudan, pero como yo me bajo unas estaciones antes que ellos, la solución que me dio la jefa de estación de Unamuno, la primera vez que lo intenté, fue dar avisó al personal de seguridad de Bidezabal –mi estación de destino- para que me estuvieran esperando en el andén y me ayudaran con el ascensor y el chequeo del billete. Así fue, todo sin pegas y con una correctísima atención.

El segundo día fue de Sopelana a Bidezabal. Estando ya dentro del vagón, le comenté el tema a unos vigilantes, quienes automáticamente se pusieron en contacto con sus compañeros de mi estación de destino, con el fin de que me prestasen la atención que requería. De nuevo, el trato fue cordial, llegándome a decir, ante mi agradecimiento: “De nada hombre, estamos para esto”.

Sin embargo, en la noche del Viernes 17 al Sábado 18 de mayo de 2013 (sobre las 00:00 horas), tuve la desgracia de toparme con una persona, al frente de la estación de Unamuno, que al pedirle que por favor diera aviso a Bidezabal para que me atendieran, se mostró totalmente reacia a llevar a cabo esta fórmula que otras veces ha funcionado con completa normalidad, y sin que a nadie le sorprendiera.

Esta señora decía que los vigilantes no están para eso, porque en cualquier momento puede darse una incidencia para lo que tenían que estar libres. También argumentaba que en ese momento no había vigilancia en Bidezabal, y que lo único que podía hacer, como favor, era mandarla en un coche, pero que no podía ser algo habitual, que no lo tome como costumbre.

Además de exponer un montón de trabas, he de decir que el trato fue discriminatorio, ninguneándome en todo momento, no siendo capaz de dirigirme la palabra –sólo hablando con mis acompañantes- como si fuese un deficiente mental, llegando a decir que “esta persona no puede viajar sola”, preguntando indiscretamente a ver como lo iba a hacer al salir de la estación, y comparándome con su anciana madre.

Finalmente, al comentarle que, en caso de que estuviese lloviendo, me iban a venir a recoger a la estación, concluyo que quien me viniese a buscar debía pagar un billete y bajar al andén para ayudarme. Y así es como lo tuvimos que hacer. Pero, curiosamente, cuando me encontré con mi madre, al salir del tren, aparecieron dos vigilantes dispuestos a ayudar sin ninguna expresión de que estuviesen haciendo algo extra, a pesar de que se habían desplazado por mí, y animándome a que siga haciendo uso de sus servicios.

Considero esencial que todo su personal responda con el mismo procedimiento ante las mismas situaciones. Además de que, cuenten con la pertinente formación socio-cultural para no ofender a nadie y no menospreciarle, simplemente por el hecho de que tenga una pequeña dificultad en el habla, como es mi caso.

Por todo ello, exijo una declaración oficial desde Metro Bilbao con respecto al procedimiento que he venido efectuando hasta que he tenido la incidencia que aquí he comentado, que, seguidamente, me dispongo a divulgar a través de diversos canales públicos, porque opino que se han vulnerado los derechos de mi colectivo social y se infringen las normas de accesibilidad, así como de igualdad de oportunidades que la legislación establece, tanto nacional como a nivel internacional (Convención Sobre Los Derechos De Las Personas Con Discapacidad de La O.N.U., ratificada por España).

A ras

Siempre he considerado a mi silla de ruedas como parte de mi cuerpo. Sin embargo, lo cierto es que hay veces en que es bueno abandonarla para cambiar totalmente de circunstancia y dejarse llevar por la oportunidad de probar diferentes medios.

       

En mis clases de pintura, se me ha propuesto, para crear obras de mayor envergadura, hacerlo a ras de suelo.
Sobre una colchoneta, junto a una gran cartulina de un bonito color amarillo, he descubierto una manera de llegar a conseguir cuadros importantes.

Moviendo la colchoneta, con la ayuda inestimable de Maitane, he podido llegar a las amplias zonas de este primer «mural».

Los trazos me salen mucho más largos, llegando a dibujar líneas que enlazan rectas, curvas y, hasta casi, círculos; conformando figuras caprichosas.

Con un tamaño semejante, difuminar se hace más costoso, y las rayas predominan. Quizá el secreto esté en no recargarlo y parar en cuanto me salgan varias formas atractivas o, por el contrario, abandonar la manía de querer terminar en el día.

Seguiré experimentando en los talleres de Sancho Azpeitia de Fekoor, con el maestro Ivan y sus atrevidas ideas.

Por cierto, aunque no viene a cuento, quiero inmortalizar aquí que mientras escribía esta entrada, he sido capaz de enchufar el cable de la batería del portátil. Podía haber pedido ayuda pero la mano me ha ido sola. Jaja! Estoy que lo tiro.