Trata de arrancarlo, Diegooo!

Hace varios días, estaba pensando, en broma, que si tendría espacio de sobra haría un museo con mi sillas -como el que Alonso ha hecho con sus F1s-, en el que la Quickie Salsa M se merecería el pedestal más alto, por el juego que me está dando.

Sin embargo, finalizando la última etapa del “campeonato” de la Aste Nagusia Bilbaina, me dejó tirado en medio de una txosna, rodeado de peña y con el asiento elevado, sin poder bajarlo -por lo tanto, sin poder entrar en un coche- ni moverme.

Tuve que ser empujado hasta mi meta domestica por mi flamante equipo de amigotes y amigotas  [email protected] si que no fallan-.

Al día siguiente, apretamos el botón de arranque, y a veces funcionaba. Se quedó otro día más en reposo.
Entonces recordé que poco antes del abandono por fallo electrónico, alguien nos había echado jarros de agua.
Se me encendió la luz. Se había mojado. Una vez secarse, vuelve a devorar aceras, paseos y bidegorris. Así que sigue mereciendo su pedestal.

En cuanto al resto, una satisfacción vivir en una época en que existen WCs portátiles adaptados y txosnas con barras bajas para los que no cuentan con silla elevable, jeje. Pimpilipaxua y Moskotarrak, que yo me fijase.

He oído que al concierto de Antonio Orozco no dejaban entrar con silla de ruedas, pero prefiero no creérmelo del todo, no por falta de confianza en mi fuente, sino por no disgustarme.

                           
Improvisación de una pajita extra larga, uniendo muchas. Beber con independencia es toda una experiencia. El careto se debe a que hay que sorber muy fuerte, no al mojito, que estaba tremendo.

Durante el comienzo de la última jornada, participamos en una kalejira organizada por Bidaideak y la Federación de Deporte adaptado, junto con el equipo de basket en silla de Bilbao.
Una concentración de “locos por las ruedas” que tomó el Arenal, zambulléndose a lo más profundo del reciento ferial. Hay repetir cosas así.

Sólo espero que esta racha activa se expanda hacia otros ámbitos de  la vida menos ociosos y más productivos, porque no sólo de fiesta vive el hombre. Pero, mientras sea lo que esté a mi alcance, que no pare.

P.D.: 34 días para salir del país.