La conquista de lo inaccesible

Una vez más, hemos llevado las cosas al extremo, en cuanto a la asistencia personal. Nunca pediría a mi asistente efectuar una machada como esta, pero nada como sobrepasar los límites estandarizados para valorar en su justa medida el grado de dificultad de las actividades cotidianas.

A Iñigo le hacía ilusión que conociera y me bañara en la playa de Barrika. Un lugar antagónico a la accesibilidad. Un yacimiento de barreras arquitectónicas y arqueológicas, impensable de cursarlo en silla de ruedas.

La práctica del Judo durante toda su vida le ha proporcionado una técnica y una fuerza que le permite cogerme como si fuese una pluma y transportarme por los terrenos más abruptos.

El tramo de escaleras -ya lo veréis en el video- daba para atrás. Encima los últimos escalones están “tallados” en la misma roca. Toda una sorpresa que me hizo verlo tremendamente difícil. Sin embargo, la destreza de mi primo superó lo que yo creí, por unos instantes, insalvable. Por suerte, con nosotros estaba Gentzane para inmortalizar la proeza.

También quiero destacar el baño que me di con un chaleco de submarinismo que él me dejó y que me fue francamente bien. Lleva una franja hinchable con forma de flotador. Con lo cual, da estabilidad y, a la vez, la seguridad de un salvavidas. Además, queda bien sujeto y no se sube hasta el cuello, como ocurre con los chalecos convencionales.
Quizás, cuando estás boca abajo cuesta un poco más dar la vuelta, para ponerte mirando al cielo, que con un “flota” porque por delante no hay hinchable; pero, de espaldas la flotabilidad es total.
Para quitarlo y ponerlo cuenta con varias opciones que facilitan la maniobra. A ver si en la próxima ocasión lo grabamos.